Como habrán notado llevo semanas, más bien diría meses, sin actualizar el blog con asiduidad.
Las razones son las mismas que han conspirado muchas otras veces y tienen que ver con la falta de tiempo en primera instancia y últimamente con el agotamiento en relación al consumo y sobreabundancia de medios digitales.

Leo blogs, sigo la conversación, participo desde Twitter y otras herramientas de la web social, pero me costaba mucho actualizar La Propaladora luego de casi 5 años de estar online. Gran parte de mis lectores son bloggers y saben de lo que hablo. Se siente algo de culpa cuando uno abandona el blog. En mi caso, especialmente porque siento que La Propaladora ha sido la columna vertebral de mi crecimiento laboral y profesional y tenerlo relegado implica no compartir mis ideas con ustedes, perderme de ricos debates y especialmente nutrirme de sus comentarios.

De algún modo, con este post estoy empezando el año desde el blog entusiasmada por los nuevos proyectos que hay en carpeta y quiero compartir. En especial hay uno que nos mantiene super ocupados a Nicolás, Álvaro y al incansable equipo de Genes. Ya les contaremos sobre este trabajo que también incluirá a cada una de nuestras comunidades de lectores y amigos de la web.

Como siempre, ¡gracias a todos los me han preguntado “por dónde ando…” y apuraron para que regrese a las fuentes!

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