7 Ene
Mij@, la dueña de la casa salió, pero me dijo que usted venía l@ tratara igual de bien.
¿Qué haremos? Pues un poco de eco de la felicidad de Vanina, en sus vacaciones por aquí, algunos comentarios tomados al vuelo sobre el “ay, qué lindos retratos que toman ustedes“, y una discusión sobre la imagen pública en los perfiles digitales. Manos en la masa, a ver si la arepa nos queda redonda en un post cómplice para La Propaladora.
Actualización 18-01: Como bien titula este post mi amigo Luis Carlos, todo ser tiene derecho a un retrato que o conforme. Por eso cambié el publicado por este que más me gusta. (La autora sigue siendo la misma dulce Naky).
Uno de los problemas surgidos en este reality show de ciudadanos experimentando con hacer públicos sus discursos y perfiles en nuevas herramientas de autopublicación es la imagen que muestran de si mismas en esta plaza. Quedó un poco atrás el día en el que los perros chateaban porque nadie sabía al otro lado del monitor que se trataba efectivamente de un perro. Hoy se visten de Second Life, pero la gente en general se cansó de esas segundas pieles falsas, los físicos perfectamente narrados en virtualidad y acude más bien al ejercicio directo de ver y dejarse ver. Ser a través de lo que se expresa (y vaya que se han diversificado las plataformas para propalar) con una identidad coherente y consecuente que lo respalde.
A veces algunos, por atrevidos o incautos, se lanzan demasiado frontalmente de una a otra vitrina de carnicería (grupo Facebook) donde son evaluados de inmediato en su criterio para seleccionar una fotografía que lo identifique. Ya la queja sobre el abuso de los fotologs y los myspaces es repetida. Ocurre con estas plataformas 2.0 algo similar a los karaokes en los bares o los concursos de talentos: representan una democratización del acceso al micrófono, pero la gama de intérpretes va del Nessum Dorma a un coro despechado que pide la misma canción una y otra vez para gritar a todo gañote lo primero que se les ocurra.
Algo parecido ocurre con las fotos de perfiles de Facebook, en las que los recién llegados ponen imágenes que claramente no son su Face, ni de cerca, hasta que alguien les haga el favor de etiquetarles una foto y darle textura de rostro a su identidad en línea. Tomando en cuenta que las redes sociales, los blogs y cuanta estela rastreable deje su persona entre la tierra y Google, pueden servirle para conseguir un trabajo, evaluar su reputación o dejar flotando su cápsula del tiempo presente en las nebulosas de un servidor, resulta importante tener en la cartera (y el portafolio digital) unan cuantas fotos que valgan. Como dicen por mi casa las novias de los delincuentes: una cara que las represente.
Al menos mi consorte y yo hemos hecho algún pacto silencioso que ameritaría alguna especie de ley en la 2.0: toda persona tiene derecho al menos a un retrato que la capture y la deje satisfecha con su apariencia. Es un trabajo arduo, sobre todo cuando se es amateur y sólo se congelan momentos. Pero es que no todos afinan a la primera en el micrófono. Si se trata de dejar rastros, de quedar bien representado en una imagen, de tomarse un segundo para plasmar la mirada de un semejante, entonces el derecho al retrato cobra fuerza en este mundo de derechos permitidos, etiquetas, solidaridad y sentido de comunidad. Albumes de fotos como los de Joi Ito o David Sasaki son inspiradores. Cultivan un sentido de ternura y entrega sobre los que nos rodean que es parte de la filosofía de los medios ciudadanos. Nos reconocemos y nos formamos como audiencias participantes. Somos una imagen que soporta todos estos canales RSS que producimos. Esa sí es una piel y un retrato para el infociudadano de estos tiempos. Procurar sonrisas cuando sólo tenemos palabras para detener las balas.
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3 Respuestas a "El derecho al retrato"
Ah, ¡pero qué linda salió Vanis en esa foto!
[...] El derecho al retrato - Uno de los problemas surgidos en este reality show de ciudadanos experimentando con hacer públicos sus discursos y perfiles en nuevas herramientas de autopublicación es la imagen que muestran de si mismas en esta plaza. Quedó un poco atrás el día en el que los perros chateaban porque nadie sabía al otro lado del monitor que se trataba efectivamente de un perro. Hoy se visten de Second Life, pero la gente en general se cansó de esas segundas pieles falsas, los físicos perfectamente narrados en virtualidad y acude más bien al ejercicio directo de ver y dejarse ver. Ser a través de lo que se expresa (y vaya que se han diversificado las plataformas para propalar) con una identidad coherente y consecuente que lo respalde. [...]
También están los que le hacen photoshop a la foto que suben a su perfil en la net, otros que se pasan horas eligiendo su mejor foto…qué bobada.
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