Cada tanto es bueno hablar con aquellos que aún estan “afuera”. Sirve para acordarse. Las historias de aquellos que se fueron en busca de… de tantas cosas que aquí no encontraban. La llegada sin nada, la adaptación a un nuevo país y a sus gentes, nuevas costumbres, nuevos trabajos. Hasta hacer pie pasó tiempo. Algunos, de hecho, aún no lograron hacerlo. Los temas de conversación -siempre los mismos-, eran sobre juntar el dinero para que te visite un familiar o para mandarle a otro ser querido, enterarse a quién deportaron, averiguar “cómo hacer los papeles”, cómo estan las cosas en Argentina, cómo hacer para volver, bla, bla…
Fueron momentos difíciles y lo siguen siendo, a veces la pena los embarga por la distancia, por el alejamiento de los afectos, por lo que se pierden por no estar cerca, las añoranzas… Hay días en que todo es nostalgia. A veces, ninguna bonanza del nuevo lugar suple pequeños detalles recordados, idealizados. Hay días que se viven con miedo, otros por costumbre y algunos más por resignación.
Los exiliados económicos del nuevo siglo son parte de un inmenso grupo de personas que les tocó decidir partir y tentar a la suerte. Algunos decidimos volver… otros lo siguen intentando.
Para todos los compañeros de ruta.
 

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